Sobre mí · Xavi De Anguera

Sobrevivir no es lo mismo que vivir.

Si estás aquí, es posible que entiendas esta diferencia.

Podría empezar hablándote de mi formación y mi enfoque —y llegaré a ello—. Pero prefiero empezar por algo más honesto.

Yo también estuve ahí.

Conozco bien el peso invisible que se instala en el pecho aunque sigas sonriendo. El agotamiento sordo de sostener una alegría que no sientes, de saber que algo no encaja aunque no puedas señalarlo con el dedo. Durante mucho tiempo, esa sensación me empujó a buscar desesperadamente un porqué, una respuesta que le diera sentido a todo.

Tenía catorce años.

Recuerdo nítidamente la primera vez que creí encontrarla. Era otoño y volvía abatido de la escuela, en una época difícil. Caminaba despacio, los coches pasaban zumbando, y la luz roja de un semáforo me frenó en seco. Justo entonces, una idea irrumpió en mi cabeza como una intuición que aparece de la nada:

«Si entiendo cómo funciona la mente, podré volver a ser feliz».

Me aferré al conocimiento.

Y me agarré a esa idea como a un salvavidas. Empecé a leer sin descanso, a estudiar, a analizarme: observaba y nombraba cada emoción, cada pensamiento, creyendo que si lograba ponerle nombre a todo, por fin tendría el control.

Funcionó. O eso creí.

Y durante un tiempo funcionó. Me volví más estable, más racional, más firme. Pero algo no encajaba. Era como si me hubiera desconectado de mí: no sufría, pero tampoco disfrutaba. El amor, la alegría, la ilusión eran luces lejanas que podía ver, pero no abrazar. Ahí empecé a sospechar que había algo que no se resolvía pensando: algo que tenía que ver con sentir, con soltar el control, con bajar al cuerpo.

El verdadero comienzo: rendirme.

Me di cuenta de que había convertido el autoconocimiento en otra estrategia de control. Que intentaba entender mis emociones para no tener que sentirlas.

Así que empecé a rendirme. A dejar de luchar contra mi propia experiencia, a darle espacio al miedo, a la rabia, a la tristeza. Aprendí a escuchar mi cuerpo y a estar con lo que había, aunque fuera caótico o incómodo.

Descubrí la paradoja.

Al principio, rendirme me dejó aún más perdido: me había contenido tanto que me costaba reconocer cuándo necesitaba llorar, gritar o simplemente callar. Pero ahí estaba la clave: la lucha era justo lo que me mantenía anclado al dolor. Solo cuando dejé de pelear contra la incomodidad y me permití sentirla, algo empezó a moverse.

El cambio no fue forzado. El malestar que me había acompañado tanto tiempo empezó a disolverse por sí solo. Descubrí que el dolor no era un enemigo a vencer, sino un mensajero que necesitaba ser escuchado; y que atenderlo, en lugar de evitarlo, era el acto de amor propio más sanador que conocía.

Donde estoy ahora.

Hoy no me muevo desde la necesidad de encontrar respuestas definitivas, sino desde la curiosidad de estar en contacto con lo que es. Mi mente analítica, que durante años fue mi refugio, aprendió a convivir con una parte más intuitiva y sensible: no tuve que elegir entre una y otra, entendí que podían dialogar.

Hay días en que sigo dudando, en que me siento pequeño o desconectado. Pero ya no lo vivo como un fracaso, sino como parte del viaje. Porque si algo tengo claro es esto: no hace falta estar siempre bien para estar bien.

Mi formación y mi forma de trabajar.

Esa integración —la mente que entiende y el cuerpo que siente— es también mi forma de trabajar. Soy graduado en Psicología y psicólogo colegiado (COPC nº 31120), y llevo unos ocho años acompañando procesos de ansiedad, duelo y autoestima, en consulta en Barcelona y online.

No trabajo desde una sola técnica.

Me he formado tanto en los marcos que ayudan a comprender la mente —neurociencia, terapia cognitivo-conductual, PNL, hipnosis ericksoniana— como en los que te devuelven al cuerpo, la emoción y la presencia: Gestalt, Focusing, terapia enfocada en las emociones, movimiento auténtico, meditación y mindfulness. Ninguna persona cabe en una sola herramienta, así que uso lo que cada proceso necesita: a veces entender, a veces sentir, a veces solo sostener.

Por qué te cuento todo esto.

No vengo a darte lecciones ni a ofrecerte soluciones mágicas. Lo que tengo es curiosidad, muchas preguntas y bastante experiencia —personal y profesional— en esto de aprender a escucharse, a sentir y a dejar de pelearse con uno mismo. Vengo a estar contigo en ese punto exacto donde la vida se vuelve confusa e incómoda, pero también llena de posibilidades.

Es posible volver a respirar sin miedo. Es posible volver a disfrutar sin culpa. Es posible volver a sentir que estás en casa dentro de ti.

Y ese cambio empieza cuando decides dejar de sobrevivir… para empezar a vivir.

El primer paso

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Xavi De Anguera · Psicólogo colegiado COPC nº 31120
Ansiedad, duelo y autoestima · Barcelona y online.